martes, 10 de agosto de 2010

En viaje a la definicón del "arte"

El arte es algo completamente indefinible, si es que uno busca una definición simple y sintética dada por el diccionario de la RAE. El arte, su definición, depende demasiado de la opinión del grupete de seguidores. Cada artista tiene su frase célebre para señalar algún aspecto de lo que considera “es” el arte. Pero las diversas facciones que se “oponen” al artista de la frase terminan con las ansias de absoluto.

Pero el arte es también, el disfrute estético. Esto es como hablar desde el punto de vista del “fruidor”, como diría Eco. Y sin embargo, muchas obras no buscan la estética sino la provocación del “fruidor”. Como decir: la imaginación al poder. En este caso sería: la provocación al poder. Y el poder, en el caso del arte, es la galería (no me refiero a la galucha), los que están en contacto con los millones museológicos. Por supuesto, la provocación llegó al poder del arte hace mucho. Sino, fíjense en ese Damien Hirst. Billonarísimo.

De todas formas, Hirst insiste en que su provocación es “casi” vacía. Hirst afirma en varias entrevistas que él “detectó” que esa clase de arte era bien recibido por los que tenían el dinero. Ergo, persistió en esa línea por motivos económicos. La actitud repugnaría al politburó del realismo socialista soviético. Curiosamente, son los rusos los mayores compradores del arte provocativo de Damien Hirst.

lunes, 2 de agosto de 2010

Las celebraciones chilenas

Ocurre con alguna frecuencia (no demasiada) que Chile llega a instancias celebratorias. El Santiaguino, en particular, cuando quiere celebrar acude en masa a plaza Italia. ¿Por qué se va a plaza Italia, además de existir el ancestral “prestigio del centro” como diría Eliade?. No lo sé. Pero la pregunta que me surge en el último tiempo señala que las celebraciones actuales del chileno son más violentas que antaño. ¿Antaño cuando? Algunos opinan que la culpa es de la concertación, de la “blandura” de sus métodos. Claro, los que opinan así, lo más seguro es que no hayan asistido a ninguna celebración de ningún tipo y su fuente de información no sea más que la tele.

Supongamos que la culpa la tiene la educación concertacionista, que no ha sido capaz de enrielar a la juventud en la adecuada moral y en las buenas costumbres. Es cierto: los profesores ya no golpean a los alumnos. Sin embargo, recuerdo celebraciones escolares (de cuando yo era escolar) que terminaban en lo mismo. Eran celebraciones por los equis años del liceo y que implicaban destrozos, vandalismo y violencia entre grupos rivales del colegio. Nada de eso tuvo prensa en su época. Pero sé que ocurrió: yo estuve presente.

Otro ejemplo: los mechoneos (que en alguna medida son celebraciones), eran más violentas antes. Recuerdo casos de quemados con ácido en la época en que yo era mechón, año 93. Ninguno de esos mechones había recibido educación concertacionista “mano blanda”. Todos habían vivido con creces la mano dura de la dictadura, yo en particular, con patrullas, allanamientos y milicos con la cara pintada. Cualquier acto implicaba un viajecito en tanqueta.

Yo estuve presente además en la celebración por la muerte de Pinochet y tengo bastante material grafico. He estado en celebraciones del primero de mayo y en la celebraciones de la U campeón, del colo campeón, etc. La lógica es siempre la misma. Llegan las columnas, se instalan todas apiñadas en plaza Italia, los pacos cortan el tránsito por un rato y de pronto, casi de la nada, salta una chispa. Dado el ambiente de adrenalina que se da en esos actos, la más mínima de las chispas prende como si fuera combustible. De pronto son miles de exaltados que lanzan piedras contra los pacos (lejos, el primer blanco) y luego las emprenden con el mobiliario público, la señalética o el comercio. Esa clase de lógica de masas, dirán los teóricos del mamoneo, es producto de nuestro atraso como cultura y como pueblo. Tal afirmación es idiota por lo desinformada: basta un poco de zaping por las noticias de mundo para darse cuenta que todos los humanos de todos los países (sobre todo los europeos, tan cultos, refinados y elegantes) se comportan igual. No son más que los efectos del cóctel testosterona-adrenalina. Incluso he visto bien pensantes transformados en auténticos energúmenos cuando son invitados a esas manifestaciones. Luego, claro, niegan todo.

La otra vez oí decir que esa clase de celebraciones no se daban durante Pinochet. Habría que ser más honestos con las estadísticas: no hay datos para promediar porque durante Pinochet no había éxitos deportivos.

De todas maneras, no cabe duda que se trata de una interesante pregunta que demoraría meses de trabajo en llegar a término. Básicamente se trata de tener los datos y establecer las causas. Pero no he llegado a tanto. ¿Cómo habrán sido las celebraciones de cuando Martín Vargas era un ídolo?

martes, 27 de julio de 2010

Los registros y nuestra evolución

No se si lo había comentado ya, pero los nuevos medios a los que están teniendo acceso los humanos han hecho cambios sustanciales a determinados modos de recordar. Uno de los ejemplos más notables que me vienen (paradojalmente) a la memoria es el de las cámaras fotográficas digitales. Al alcance de todos y de bajo costo, no pueden sino incitarnos a un obsesivo registro de nuestras vivencias. De tal modo que cuando se vuelve atrás, en una de esas inmensas memorias informásticas (2 gigas, con imágenes de altísima resolución), cuando se vuelve atrás digo, a gran velocidad, lo que se consigue es la visión de nuestro pasado. Y la visión de ese pasado nos hace sorprendernos, nos hace llevar la conciencia, de manera casi perfecta, a cosas que ya estaban olvidadas. ¿Hasta qué punto ese ejercicio es útil? ¿O es simplemente un daño más que le hacemos al organismo? ¿o es un paso más hacia la evolución, lo que nos conduce de manera inminente al estatus de superhombres, superhombres de la imagen eso si?

Pregunta que solo dejo anotadas, para recordarlas más tarde, en algún momento, cuando tenga tiempo. De todas formas cuando haga esa revisión (no del tipo de “cámara fotográfica”, por supuesto) tendré una vuelta al pasado.

lunes, 17 de mayo de 2010

Ficción o no ficción

Estuve mirando el listado de obras más vendidas según diario La Tercera. En ese listado aparecen, curiosamente, tres poetas, y más encima, chilenos. Se trata de antologías de Pablo Neruda, Gabriela Mistral y Nicanor Parra. Ya saben como son esos listados. Ponen los libros más vendidos dos categorías: ficción y no ficción. Y adivinen en qué categoría clasificaron estas tres antologías de poesía. Adivinaron: en ficción. ¿Habráse visto huasada semejante?, pero claro, en no-ficción tampoco quedaba “tan” bien. Por lo tanto, la única solución que puede proporcionar esos señores editores de suplementos culturales es agregar una tercera categoría. Pero no llegarán nunca a tanta audacia intelectual. Viven apretados del cogote por los dueños del diario.

lunes, 12 de abril de 2010

La desaparición de los minoicos

Yo imagino que para el minoico promedio, la existencia de un terremoto con posterior tsunami debe haber sido una gran tragedia. Uno ve ahora, en la modernidad de los tiempos modernos, todos los problemas que el “terremoto –tsunami” produjo en Chile. Y eso que Chile es un monstruo comparado con la cultura minoica, cultura que quizá no fue más que un grupete de villorrios orgullosos de sus construcciones en piedra. Pero esas construcciones no poseían normas antisísmicas.

Pero hubo otra cosa que nos enseñó el terremoto-maremoto de Chile: los terremotiados se transforman, al perderlo todo (el agua, los granos, los animales domésticos y los víveres), en saqueadores. Las crónicas egipcias y hebreas hablan con preocupación de estos saqueadores y les llamaban “pueblos del mar”. Estos pueblos del mar han sido misteriosos y sin una identificación clara, pero mi opinión es que se trata de minoicos desesperados que recurrieron a la piratería como método temporal de sobrevivencia y, posteriormente, se volvieron mercenarios a tiempo completo de otros imperios. A los arqueólogos les ronda la idea hace tiempo.

viernes, 26 de marzo de 2010

La Lentitud

No tengo claridad respecto de los beneficios de la lentitud. Pero es probable que la lentitud ayude a hacer las cosas más minuciosas y pensadas. Ahora, la pregunta (si es que lo anterior es correcto) pasa a ser la pregunta por los beneficios de hacer cosas más minuciosas y pausadas. Las cosas minuciosas y pausadas se supone deben contener menos errores. Sin embargo, su amplitud es reducida. Pocos lugares pueden ser alcanzados por ese orden minucioso. Por lo tanto, el orden minucioso es difícil de alcanzar: es lento. La pregunta que uno puede hacerse es ¿puede el orden minucioso volverse una cosa que llegue a todos? La primera respuesta es: algún día llegará a todos. Pero se demorará. ¿Puede apurarse el proceso lento para que deje de ser lento? La respuesta, con la tecnología actual, es que si. Siempre y cuando consideremos una minuciosidad a ojo desnudo. Porque si llega a ocurrir que la minuciosidad es evaluada por máquinas, el proceso podría volver a su lentitud original. Minuciosidades de orden atómico requieren tecnologías más costosas para su ejecución. El precio, entonces, se vuelve una variable relevante o, lo que es lo mismo, la energía requerida se vuelve una variable importante. Las actividades más lentas requieren mayor consumo de energía y por eso se las reserva para cosas “especiales”. Las cosas especiales tienen que ver con sanidad extrema o con fragilidad de la materia trabajada, como puede ser el acto de restauración o los peligros involucrados en la radiación nuclear. En todos los casos debe evaluarse cual es el nivel mínimo requerido, el “umbral”. Por lo tanto, la lentitud no es para cualquiera. Es para unos pocos elegidos.

jueves, 7 de enero de 2010

La oralidad, algunas ideas al respecto

Algunos pueden pensar, o quieren pensar, que entre lo oral y lo escritural existe una tensión no resuelta, o mal resuelta, que, al final, no sería más que la prueba de la superioridad de una por sobre la otra. Pero la visión dialéctica simplifica demasiado las cosas. Me da la impresión que todo es más complejo, muchísimo mas complejo, que un mero enfrentamiento entre las partes.

En los tiempos más antiguos, cuando el hombre no tenía forma de transmitir de manera escrita sus historias, lo hacía contándolo de generación en generación. Mediante el habla pura y simple. Y de esa manera las historias se “registraban”, porque la gente las escuchaba y las recordaba. Vargas Llosa cuenta en su novela “El hablador” que en la selva existe un personaje dentro de la tribu que “cuenta historias” a los otros grupos, yendo de aldea en aldea. Cada una de las aldeas espera con ansia la llegada de este contador de historias. Le regalan comida, lo alojan, lo tratan como si se tratara de un grande hombre. Este contador de historias se vuelve la memoria de la tribu. Lo mismo podemos decir de los “bardos” y los juglares medievales, que gracias a su memoria oral lograron hacer perdurar el cantar del Mio Cid o la Canción de Roland. No hay que olvidar que Odin (o Wotan), dios tutelar del panteón germánico, era un dios poeta y que, por lo tanto, era también la memoria de la tribu. Pensemos también en alguien como Homero. Un tipo (que ni siquiera se sabe si tuvo existencia real) cuyo oficio fue armar las historias y armarlas “cantadas” antes que escritas. Los poemas homéricos eran aprendidos por todos los griegos. Otros importantes ejemplos de literatura que fue primero oral antes que escrita, son los mismos mitos griegos. Más aun, los mitos de todas las culturas. Dentro de esta familia está uno de mucha importancia para nuestra cultura: la Biblia. Pura literatura oral, transformada al papel por los rabinos luego que volvieron del exilio en Babilonia.

De lo que estamos hablando es de pre-historia, en el sentido usual que se da al término: se da inicio a la historia con la invención de la escritura. Uno puede decir, casi con ingenuidad, pero también con optimismo, que la mejor manera de acercarse a la prehistoria, ese territorio enigmático del que los novelistas, cineastas y paleontólogos tratan de decir algo pero no pueden, es a través de las literaturas orales del mundo. Paradojalmente, muchos mitos ya han sido transformados en papel.

La expresión “prehistoria” parece referirse a un pasado lejano, pero no cabe duda que todavía existen pre-históricos. Lo curioso es que en estos tiempos no existe una única forma de hacer “historia”. Escribir historias en una hoja de papel no asegura nada. Desde el punto de vista de la definición académica de historia, estamos claros que “fijación en el papel” asegura ajustarse a la definición. Pero se trata de un ajuste platónico. En algún registro del “mundo de las ideas”, se guarda ese “texto escrito” que una niña con pena escribe acerca de su primer aborto, etc. Pero ese registro “histórico” estará tan hundido en el olvido del cajón del velador que es como si la historia de la niña fuera más bien pre-histórica, dado que ella se puso a contar lo que le pasaba a cada una de sus amigas y así la historia (casi como decir “el canto” de la bardo-niña que se lamenta de su destino) se expande hasta llegar a todos los que quisieron saber. Es decir, la oralidad puede transformarse en un mecanismo más poderoso de transmisión. A un nivel solo un poco superior se halla la poesía oral que se lee ante el público, ante la gente, en cafés o barsuchos de mala muerte. Que esos poetas hallan escrito de manera más o menos ingeniosa no asegura nada. No asegura ser historia.

Sin duda el nivel más alto es el que proporciona, además, algún grado de ruido mediático. Dentro de estos se hallan los escritores de best seller, por ejemplo. Sus historias pasan a formar parte rápidamente de la historia. Sin embargo, hay detalles en esto: dado que hablamos de un best seller, un libro de consumo rápido, diseñado para ser olvidado con rapidez (de lo contrario puede que al lector le dé la tentación de no leer nunca más ya que encontró “el libro verdadero” situación peligrosa para el mercado) hace que la historia tenga nuevamente esos componentes pre-históricos: libro abandonado en el sótano, libro que se vende ante la menor urgencia, libro que termina vendido a precios ridículos en las secciones de saldos.

Por eso la apuesta de todo escritor que se precie es hacer historia y pre-historia y en ambos dejar una huella perenne. Las grandes editoriales, conociendo esto, llevan a sus autores a dar charlas y conferencias. De esa manera cubren todos los caminos posibles.